Sobre Edgar Allan Poe (Lo fantástico en la literatura y el cine, de Daniel Ferreras Savoye)

Del ensayo Lo fantástico en la literatura y el cine, de Daniel Ferreras Savoye(fragmento)
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III. Edgar Allan Poe y sus «historias extraordinarias»



A medida que transcurre el siglo XIX, el relato corto produce cuentos fantásticos en abundancia, y entre los que cultivan este género destacan escritores como Turgueniev y Gogol en Rusia, y Téophile Gautier, Barbey d'Aurevilly, Mérimée y Maupassant en Francia. Lo fantástico, indudablemente, está de moda durante la mayor parte del siglo, y se podría afirmar que esta moda todavía no ha pasado. Entre todos estos escritores, cuya contribución al corpus fantástico merecería con tiempo y determinación su propio estudio, destaca la figura de Poe, modelo explícito de la literatura fantástica.
El nombre de Edgar Allan Poe (1809-1849) está asociado al concepto de cuento fantástico, y a menudo por razones discutibles. Abundan las adaptaciones más o menos fieles de su obra a la pantalla, y se puede notar una actualización de sus temas literarios. Sin embargo, la asimilación de Poe a un escritor pura y simplemente fantástico es un error, cometido demasiado a menudo tanto por la crítica como por el público. Poe también, y hay quien dice que sobre todo, ha escrito relatos cortos de todo tipo, tanto fantásticos como extraños, policiacos y hasta de ciencia ficción. Sus relatos más conocidos, como «La caída de la casa de Usher» o «La carta robada», no son propiamente fantásticos. «La carta robada» anuncia el nacimiento de la novela policiaca moderna, de los Conan Doyle y Agatha Christie. Están presentes en esta narración todos los ingredientes de este género literario: un crimen, un enigma y un detective, Dupin, investigador infalible, que también protagoniza «Los crímenes de la calle Morgue» y de « El misterio de María Roget», y cuyas deducciones lógicas siempre acabarán solucionando el misterio. «La carta robada» presenta un enigma y su resolución, y obedece rigurosamente a todas las convenciones del género policiaco: una carta que puede comprometer a la reina ha caído en manos de un ministro y, aunque su casa haya sido registrada «palmo a palmo», y el ministro mismo debidamente cacheado, no se ha podido hallar. El prefecto de policía acaba pidiendo la ayuda de Dupin, que deducirá que la carta no está escondida, sino a la vista, y recuperará, sin más dificultades, el documento peligroso. Como vemos, esta narración no es ni más ni menos que un relato policiaco, y resulta difícil seguir al crítico Bonifazi cuando la utiliza como base concreta para su teoría de lo fantástico[1], pues no presenta absolutamente ningún aspecto sobrenatural. Plantea un problema inexplicado, y no inexplicable, que se resolverá al final, después de una investigación, siguiendo el esquema de toda buena narración detectivesca.


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